Ponerse en los zapatos del otro…

Perú
"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos" Julio Cortázar

Llevo tres meses viviendo en Perú como profesional voluntaria de América Solidaria y debo reconocer que apenas ha comenzado mi año de trabajo voluntario y ya siento pasar el tiempo volando entre calles que cada vez son más conocidas, hablando un poco peruanizado para que me den mi “yapita” cuando hago las compras y sobre todo trabajando con dedicación en el proyecto junto a mi compañera colombiana, que todas las mañanas me comparte del delicioso café que con mucho cariño guarda como recuerdo de su tierra.

El proyecto en el que trabajo, Empoderando a los Líderes, se encuentra en Manchay, en dónde la mayoría de los estudiantes que ahí acuden son hijos de personas que provienen del interior del Perú; como es mi caso en México, que junto a mi familia nos mudamos a la capital para mejorar nuestras posibilidades de vida. Y no por eso pierden las costumbres, las tradiciones y los acentos; es tan lindo escuchar diferentes acentos en los chicos y chicas de la escuela, eso me hace sentir cercana ya que mi acento mexicano fluye libremente para hacerles llegar mis palabras.

Es asombroso vivir como una migrante en Perú, en una ciudad parecida a la que hasta hace unos meses vivía, siempre llena de movimiento y bulla; y aunque la añoranza por el hogar sigue presente hay que seguir adelante con todos esos cambios que representan un reto para adaptarse a nuevas cosas; y es ahí que la empatía de otro ser humano actúa como potenciador para poder desenvolverte y entrar en confianza.

Recuerdo, en la preparatoria, haber escuchado por primera vez la palabra empatía; en ese entonces la definición que escuche fue casi la misma que pasado el tiempo volví a escucharle a un compañero cuando trabajábamos en la sierra como docentes de primaria: “ponerse en los zapatos del otro”. En ese entonces y ahora sigo cuestionándome si dicho concepto realmente ayuda en la práctica del día a día que nos supone interactuar con otras personas. Porque el ponerse en los zapatos del otro implica hacerlo solo por momentos en ciertas situaciones, pero ¿Qué pasa cuando uno se pone algo? Pues te lo puedes quitar y díganme ¿Cómo hace uno para ponerse y quitarse el sentir de otra persona? ¿Acaso ignorando o volteando para otra parte?.

Llevamos años y años haciendo eso, ignorar y hacernos de la vista gorda ante circunstancias que nos exigen empatía, esa capacidad de tener una conexión real y afectiva con las demás personas para tratar de comprender por lo que vive y así poder apoyar y co-transformar. ¿Cuantas veces habremos dicho a la ligera “Me imagino cómo te sientes”? pero casi nunca “¿Qué hacemos para cambiar la situación que te hace sentir así?”.

Como continente tenemos muchas causas por las cuales luchar, la pobreza, la violencia, la precariedad, el hambre, el analfabetismo, etcétera; ninguna menos importante que la otra. Sin embargo, en esta causa por la que trabaja América Solidaria y todos los que formamos parte de ella, la disminución de la pobreza infantil en el continente americano, buscamos transformar desde las raíces y dejar una huella grande en las personas.

Para mí la empatía debe estar presente en las acciones como colectivo para poder mejorar las condiciones de vida de nuestra gente; por esos valores y convicciones que nos unen como hermanos es que puedo decir que sigo firme en mi decisión de ser una profesional voluntaria, además de que no estoy sola porque hay otras personas migrantes como yo en otros países maravillosos como Perú, trabajando arduamente para empatizar y transformar realidades.

Para todos ellos un abrazo a la distancia.

Por Rubi Torres / Psicóloga
Profesional Voluntaria Mexicana trabajando en Perú