Dejando huella al paso y al andar, un trabajo para los valientes de corazón

Colombia

Claudia González, es la menor de tres hermanos. Nació en Santiago de Chile, un lugar que ella describe como “mágico, renovador y abierto al intercambio cultural. Sin embargo, es también una ciudad ruidosa, en la que a diario se levantan grandes edificaciones que aunque son exuberantes y llamativas, detrás de sus altos muros de concreto dejan rezagadas a poblaciones vulnerables y marginales”. Es por esto que ante el afán de ser una ciudad económicamente productiva, como la mayoría en el continente americano, olvida temas como la educación, la equidad de género, la lucha contra la discriminación racial y la pobreza.

Ante este panorama Claudia de pequeña siempre reaccionó, por las razones que todos queremos luchar, “por erradicar la pobreza y vivir en una sociedad más justa, digna y equitativa”, pero no solo por eso, sino porque ella encuentra en la posibilidad de ayudar a otros la forma de agradecer por todo lo que Dios y la vida le ha entregado.
De esas cosas bellas que ella preserva con alegría es la inmensa dicha de haber vivido una niñez “perfecta”, que aunque ella aclara que “a pesar de que nos dicen que en la vida nada es perfecto, para mí mi niñez fue perfecta, es por esa razón que hasta el día de hoy cuando conozco gente los trato como si fueran un integrante más de mi familia para luego jugar y reír”.
De niña vivió un tiempo en una pequeña casa ubicada en Santiago de Chile, en la que ella narra, iban muchos de sus familiares a quedarse a pesar de que el espacio no fuera muy grande. Compartía con sus vecinos, con los que jugaba después del colegio, “nos juntábamos a jugar los pasatiempos tradicionales de Chile: saltar la cuerda, el reloj, fútbol, muñecas, juntar láminas de álbum, jugar Atari o Super Nintendo, ver series japonesas para luego comentarlas al otro día”.
Tiempo después, sus padres decidieron cambiarse a Lonquén, un sitio fuera de la ciudad. Llegaron a una realidad opuesta, en la que la calma era la constante, pues era un sector rural donde predomina las familias campesinas y la principal labor económica que se ejecutaba era la producción agrícola.

Claudia nos cuenta que la casa a la que llegaron a vivir era grande, con un patio inmenso lleno de árboles frutales que vieron crecer; cuando llegaron eran apenas plantas minúsculas, pero que con el paso del tiempo se convirtieron en árboles de raíces fuertes y potentes en los que los tres hermanos, amigos y primos podían trepar. Fue una época de risas y celebraciones, de unidad y compartir, de aprender sin saber que “la felicidad está hecha de una sustancia tan liviana que fácilmente se disuelve en el recuerdo, y si regresa a la memoria lo hace con un sentimiento empalagoso que lo contamina y que siempre he rechazado por inútil, por dulzón, y en últimas por dañino para vivir el presente: la nostalgia” Héctor Abad Faciolince.
Fueron tiempos en que su familia vivió intensamente, pero los años no dan tregua, los pequeños niños se convirtieron en adolescentes, cada uno eligió un camino. Primero se fueron el padre y luego el hijo mayor, quedaban pocos, así que la casa de los grandiosos arboles ubicada en el campo tuvo que ser vendida. Claudia no podía creer como un espacio había podido ser habitado de esa forma tan especial, “cada rincón de la casa tenía un recuerdo, una historia, fue sumamente difícil, todos los hechos acontecidos ahí son imposibles de enumerar, a pesar de lo simple que suena, me afectó mucho”.

Pero ante las adversidades no podemos decaer, por eso ella continúo su camino, se graduó de Nutrición y Dietética con mención en Gestión y Calidad de Proyectos de la Universidad Nacional Andrés Bello en Santiago de Chile. Se hizo una profesional para orientar, superar y prevenir la malnutrición tanto por déficit como por exceso; esto con la idea de capacitar en el ámbito profesional a las personas con acceso restringido a la educación.
Junto con la convicción de lo que quería hacer en la vida, se le presentó la maravillosa oportunidad de ser profesional voluntaria durante un año en la Fundación América Solidaria. Hoy en día se encuentra viviendo en Bogotá capital de Colombia, una de las experiencias más enriquecedoras que ha vivido, hace parte del proyecto “Alimentando Corazones, Nutrición Integral”, el cual busca atender las necesidades nutricionales de adultos mayores y madres gestantes.
Ella describe su trabajo como intenso, ya que hace parte de la integración de un grupo vulnerable y abandonado en temas gubernamentales; de este modo lo que ella busca es la reintegración social, la búsqueda de oportunidades de desarrollo que vayan en pro del mejoramiento de la calidad de vida del adulto mayor. “En mi labor diaria me preocupo de que organizaciones que asisten al anciano puedan fortalecerse en lineamientos estratégicos de intervención, donde se procura que puedan obtener todos los recursos dentro de la organización para cumplir las expectativas en el ámbito de seguridad alimentaria, tratando de coordinar la gestión operativa de los procesos y distintas áreas del Banco de Alimentos para dejar una capacidad instalada y ser considerada una facilitadora de procesos y programas”.

Para conocer más acerca del proyecto, Claudia nos contó que “Alimentando Corazones, Nutrición Integral” es un programa de nutrición preexistente en el Banco de Alimentos, que incluye sectores de la población como adultos mayores y madres gestantes. Se busca cumplir diferentes objetivos enmarcados en la Seguridad Alimentaria, tales como: acceso a los alimentos, disponibilidad, consumo, aprovechamiento biológico, calidad e inocuidad.
El Banco de Alimentos actualmente atiende a 766 organizaciones con diversos tipos de población vulnerable. Al iniciar el proyecto y hacer un catastro de la comunidad anciana se pudo encontrar una alta tasa de malnutrición, de patologías como: diabetes, hipertensión, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, trastornos psicológicos, entre otras. Todo esto producto de los bajos grados de conocimiento en cuanto salud, nutrición, auto cuidado y legislación.
Actualmente se han atendido 30 organizaciones, 1350 adultos mayores han sido valorados y se han establecido 150 protocolos. Ante este acercamiento, en 2012 se tomó la decisión de establecer estrategias para afrontar los retos anteriormente expuestos, de modo que se crearon minutas terapéuticas según las patologías de mayor prevalencia, con un alto grado de calidad nutricional pero a menor costo, ahorrando altas sumas de dinero y generando mayor eficacia. Lo que se busca es que las organizaciones de Adulto Mayor sean apadrinadas, que los benefactores que se consigan puedan financiar la minuta que se aplicará y que a su vez, hagan parte del mejoramiento de la infraestructura que exige la Secretaría de Salud y la Secretaría de Integración.

Según Claudia el voluntariado se ve como “una vocación sin mucha participación o seguidores”, algo que a su parecer es desafortunado, ya que vivimos en un mundo que requiere de actores sociales que generen impacto positivo en las diferentes realidades a las que tenemos que enfrentarnos, que muchas veces son las menos afortunadas, como por ejemplo situaciones de pobreza extrema o desnutrición infantil. No nos podemos limitar a la vinculación de Organizaciones Sociales, “hay que trabajar en el impacto que generan este tipo de acciones en una sociedad que está continuamente en un estado de urgencia en temas de recursos humanos, económicos e inclusive de gestión organizacional, administrativa o financiera”.
Por esta razón y muchas más decidió tomar la valiente y admirable decisión de convertirse en voluntaria durante un año, ella recomienda vivir esta experiencia, en sus palabras nos dice que si bien esta decisión no es la más trascendental o importante, si contribuirá a esculpir sus vidas, es un camino que se elige, no precisamente al azar, sino porque llega el día en que uno se cansa y no aguanta ver más injusticias, probablemente el mundo vaya a seguir girando igual independientemente de la decisión que se tome, si ser o no voluntario, pero “mi mundo” ya no seguirá siendo el mismo, será uno completamente diferente.