Breve crónica de un Campesino

Perú
"Que orgullo siento de ser campesino, de habitar la tierra con amor y solidaridad"

Un largo día de trabajo me espera, invisibilizado y mal pagado, pero con la frente en alto porque la nobleza y la humildad me motivan a ganarme la vida con trabajo. No conozco otra forma diferente a como me enseñó mi madre y mi padre: Honradez y trabajo.

Riqueza, esa sí que me sobra con este paisaje puro y con las comodidades que la naturaleza me socorre, riqueza que puedo disfrutar porque afortunadamente la tecnología aún no la ha encubierto. Mis oídos tienen música inédita de las aves, del sonido del agua, del viento que se cruza con los inmensos árboles que rodean mi periferia, la inspiración de los animales que combinan notas para comunicarse entre ellos y advertir a los humanos que aún pueden escucharlos.

También puedo escuchar el silencio, tan escaso en este tiempo, pero tan necesario. Cuando me visitan de la ciudad, yo escucho; no porque no tenga nada para decir, sino porque no tengo quién me escuche. Hay ruido, mucho ruido.

Con mis manos ásperas por el trabajo, con mi sombrero protector, con mi perro fiel; a veces, cansado, corre el sudor por mi frente y yo pienso: “Es que estoy muy alentado y aún tengo aliento para trabajar”.
Mi sabiduría no conoce el costo de las universidades, ni los apuros de las ciudades, pero tiene la bonanza que me ha dado la experiencia y los consejos de mis abuelos. No tengo certificados pero la cosecha es mi diploma, el buen vivir es mi profesionalización; yo no trabajo solo para mí, trabajo para usted y su familia.

Que orgullo siento de ser campesino, de habitar la tierra con amor y solidaridad.

Por Santiago Roman / Psicólogo
Profesional voluntario colombiano trabajando en Perú