Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo

Perú
"...hemos aprendido que el dolor es dolor en cualquier parte del mundo, que si me indigna la pobreza de mi país también me indigna la pobreza de cualquier parte de este planeta"

Se dice que de fútbol, de política y de religión mejor no se habla porque se termina peleando, pero en mi caso, otro tema que me puede hacer pelear, es la percepción de las y los chilenos que muchos peruanos tienen sobre ellos. Y a propósito de que el 21 de este mes se celebró el Día de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, comparto mi experiencia de voluntariado que me permitió vivir en Chile junto a colombianos, uruguayos, una argentina y un haitiano.

Yo soy de las que me paso defendiendo a las y los chilenos y saben ¿por qué? Porque los conocí, dejando atrás prejuicios y estereotipos que solemos plantearnos. Pasé casi un año viviendo como voluntaria en el largo país del sur y a través de su estrecha extensión solo conocí cariño, hospitalidad y admiración hacia nosotros, las y los peruanos; no solo por nuestra cocina sino también por nuestra diversidad cultural, la misma admiración que yo siento por la cultura mapuche.

En esta experiencia también conocí a colombianos a quienes les indigna la percepción que se tiene de sus hombres y de sus mujeres. Y los he visto llorar cuando, a través del plebiscito, se les negaba la oportunidad de que su país tenga paz después de más de 70 años de conflicto interno.

He visto a haitianos darles color a las calles de Santiago de Chile y nunca dejará de asombrarme su capacidad de resiliencia a pesar de los desastres naturales y problemáticas que afectan a Haití.

He conocido a uruguayas que dejan atrás su comodidad para entregar su capacidad profesional al servicio de quienes más lo necesitan y también las he visto lamentarse al sentir que lo que ofrecen no es suficiente.

He conocido venezolanos que no han perdido su candidez y ganas de salir adelante a pesar de la situación de su país.

Y he conocido el amor de una argentina a través de los budines que nos preparaba en nuestros cumpleaños y del mate que nunca nos negó, porque “¡El mate es para compartir che!”.

Y en esa diversidad hemos sido iguales en nuestros sueños de querer una sociedad más justa y solidaria, por la cual nos levantábamos incluso en un frío de 0°; en esa diversidad he conocido el amor y el compañerismo. Y aunque que claro que tuvimos diferencias, como en cualquier relación, las superamos con tolerancia y dialogo. Diferencias que eran varias, desde el tono y ritmo de nuestras formas de hablar, en el significado de las palabras, en nuestras formas de alimentarnos; pero de alguna manera eso nos ha nutrido y hemos aprendido que el dolor es dolor en cualquier parte del mundo, que si me indigna la pobreza de mi país también me indigna la pobreza de cualquier parte de este planeta y que los patriotismos no nos ayudan a solucionar nuestros problemas en común.

Podemos ver y leer a diario que mucho de los conflictos por los que pasamos se excusan en las diferencias culturales y pienso que estos se podrían evitar o minimizar si fuéramos capaces de entender al otro como un igual y diverso al mismo tiempo. Muchos de los prejuicios se basan en el desconocimiento y en el estereotipo, por eso no juzgues lo que no te has dado la oportunidad de conocer: Ninguna cultura es más o menos que otra, sólo es diferente. Y desde esta perspectiva, teniendo en cuenta que en los últimos años los índices de migrantes e inmigrantes ha crecido de manera acelerada y sean los motivos que sean los que nos hacen movernos de un lugar a otro (conflictos, oportunidades laborales o por el solo hecho de querer estar donde queramos estar), es vital que se planteen políticas públicas para atender este problema y promover el diálogo intercultural incluso en nuestras prácticas diarias; siendo corteses con todo aquello que creemos diferente, dejando atrás los estereotipos incluyendo a los diferentes credos y orientaciones sexuales.

Este día nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre todo lo que nos ofrece la diversidad cultural (historia, arte, arquitectura, etc.) para aprender a vivir mejor en tolerancia y respeto; porque el no respeto a la diversidad genera desigualdades que nos hace pensar que unos son o merecen más que otros, por eso se tenemos que superar esas diferencias con el afán de construir sociedades más pacíficas.

No juzgues ni tengas prejuicios si no conoces, si no has vivido la experiencia del otro. Yo orgullosamente puedo decir que más que peruana o latinoamerica, soy ciudadana del mundo y amo la diversidad porque me enriquece.

Por Byaneth Bacilio / Educadora
Profesional Voluntaria Peruana

Conoce un poco más del proyecto que lideró Byaneth: