EL AGUA: FUENTE DE VIDA Y DE DOLOR

Haití

Piense en las primeras cinco actividades que usted realiza apenas abre un ojo por las mañanas. Lo más probable es que ducharse esté dentro de ellas. Así lo es para la gran mayoría de los chilenos. Sólo basta con abrir una pequeña llavecita y el agua aparece, fresca y transparente, lista para ser consumida.

Este simple acto, cotidiano para la mayoría de nosotros, es una de las principales causas de muerte en el país más golpeado de nuestra América: Haití. Así, acciones que a nosotros no nos cuestan más del minuto que demoramos en abrir la llave, se convierten en el centro de las luchas y actividades diarias de muchas familias en este pequeño país caribeño.

El acceso a agua potable, como lo entendemos en Chile, es inexistente acá. En el mejor de los casos, y previo pago, se puede acceder a camiones aljibe que reparten agua casa a casa, realidad que afecta incluso a las familias más acaudaladas de Haití y a toda la cooperación internacional, incluidos nosotros, profesionales y voluntarios de América Solidaria.

La carencia de agua potable en Haití se suma, entre muchísimas otras problemáticas sociales, a un 77% de pobreza (Banco Mundial), una pobreza dura, penetrante, que se cuela por cada rincón, en cada espacio, de este Puerto Príncipe alocado.

Casi llegando a la frontera con República Dominicana, se encuentra la localidad rural de Boutin, donde viven alrededor de 500 familias, en condiciones muy precarias. Al llegar, parece que uno está en una aldea de algún lugar de África más que en pleno Caribe. Casas fabricadas de adobe y paja pueblan el lugar, escaso en árboles y abundante en ojitos curiosos y sonrisas fáciles que se cuelan por las rendijas de las paredes. La comunidad no tiene acceso a agua, nunca lo ha tenido, al igual que 1 de cada 5 familias en Haití, lo que contrasta fuertemente con el 99,8% de cobertura que tenemos en Chile.

La mayoría de estas familias resuelve este problema caminando a fuentes naturales para poder acceder a agua que no es potable, la que mujeres y niños cargan sobre sus cabezas en grandes tarros, en una búsqueda incesante que se transforma en el centro de la rutina diaria.

Es el caso de Boutin, donde la única fuente de acceso al agua es un río ubicado a 8 kilómetros de distancia de la aldea, unas cuatro horas a pie ida y vuelta. Las familias recorren este tramo un promedio de dos veces al día: 500 familias, dos veces al día, 8 horas diarias. 8 horas en búsqueda de agua, una y otra vez. Agua que no es potable, que no es segura, que genera enfermedades, pero que es la única a la que pueden acceder.

El acceso al agua es un derecho humano fundamental, y lo que le sucede a las familias de Boutin no nos puede dejar indiferentes, pues no es sólo una problemática latente en las condiciones de vida de cientos de miles de familias en nuestro continente, sino también una violación a sus derechos humanos fundamentales.

En este contexto, América Solidaria trabaja desde principios del 2013 con esta comunidad para erradicar una de las principales consecuencias de estas precarias condiciones sanitarias: el cólera, enfermedad que en Chile se erradicó hace más de 100 años y que aun hoy es una de las principales causas de muerte en Haití.

Gracias al trabajo conjunto y participativo con la comunidad, se han logrado construir 54 letrinas que son el primer paso para mejorar las condiciones de saneamiento en la zona. La organización y educación comunitaria como eje transversal y la convicción de que si queremos podemos, nos enfrentan al desafío de lograr que ese río lejano sea un caudal cercano y seguro.

El acceso a agua potable para la comunidad de Boutin es el principal desafío del Proyecto para la Lucha contra el Cólera. El acercamiento con las familias, los estudios técnicos y pasos preliminares ya están dados, para que, en un futuro cada vez más cercano, podamos disfrutar junto a una comunidad empoderada y activa, y construir de la mano, un continente más justo, consciente y fraterno. HAZTE PARTE.

Pilar Phillips, encargada Proyecto para la Lucha contra el Cólera
América Solidaria Haití