De Casa a Casitas

Perú
(Español) “Yo no soy la valiente... Valientes son las educadoras y educadores que se entregan al 200% desde hace varios años en el Programa Casitas…” es el testimonio de Pía Meza respecto a su trabajo como profesional voluntaria.

A un paso del centro de Lima, en El Agustino, se encuentra Pia Meza, quién desde hace 3 meses lidera el Programa de Atención Educativa Integral con nuestro socio territorial Encuentros SJS. Pía nos deja conocer su experiencia como voluntaria: “De una u otra manera siento que los 3 meses que llevó aquí me han reactivado, logré salir de la rutina agobiante que estaba llevando. Aunque trabajaba en un lugar que me encantaba, sentía que era hora de hacer algo diferente, que me removiera el piso, que cumpliera con mi sueño de seguir aprendiendo de otros, de ampliar mi visión del mundo”.

“Y eso ha sido lo que he conseguido aquí, con todo lo que involucra ser voluntaria. Desde el cambio de vivir con 5 personas más en casa después de haber estado viviendo sola, a conocer a personas que están trabajando en proyectos sociales y creen tanto como yo en la importancia de ocuparse del presente de niños y niñas que no han podido vivir su infancia en plenitud. Y tener la oportunidad de entrar en la vida de los protagonistas de todo esto, esos niños, niñas y jóvenes que piden con gritos afónicos que se les de oportunidades, que a pesar de los golpes que la vida les ha dado en su corta historia, siguen siendo capaces de entregar amor, que son el ejemplo más claro de resiliencia y que quieren creer que no sueñan en vano”.

“Yo no soy la valiente… Valientes son las educadoras y educadores que se entregan al 200% hace varios años en el Programa Casitas, el Programa de educación alternativa Martin Luther King y el Programa Sociodeportivo; valientes son esas familias que armaron sus casas en los cerros de El Agustino, empezando sin agua, sin luz, sin alcantarillado, que lucharon y se organizaron para mejorar su calidad de vida, que suben enormes escaleras para llegar a su hogar; valientes son esos niños y niñas que asumen el cuidado de sus hermanos menores”.

“Mi mente en estos 3 meses de voluntariado no ha parado de pensar, siento como si estuviera nuevamente en la universidad, en esas clases que despertaban todos mis sentidos y creatividad, donde tenía claro el camino que quería seguir en la vida. Porque al salir de mi rutina retome las riendas de mi vida, desperté mis sueños y mis ideas de cambiar el mundo continuando una cadena de favores. Porque lo que entrego es tan poco en comparación con lo que recibo”.

(En fotografía: Voluntaria trabajando con niña en Programa Casitas)